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«ETA deja de extorsionar a los empresarios suprimiendo el impuesto revolucionario». Una gran noticia que ha quedado eclipsada por el partido de ayer, Madrid-Barcelona. Anoche a las 20.45 estaba ya perfectamente acoplado en el sofá de mi casa para ver uno más de los clásicos que protagonizaban estos equipos. El partido prometía ser muy interesante por la sed de revancha que tenía el Barça, debido a la derrota que sufrió en la Copa del Rey.

Como si de una película se tratara, el guión estaba escrito desde el principio. Habría un equipo que tendría la posesión del balón, manejaría los tiempos y otro que esperaría su oportunidad de pegar un «zarpazo» como animal que espera paciente su presa. No voy a entrar en si Pepe mereció ser expulsado, ni intentaré encontrar la respuesta del millón a la pregunta formulada por Mourinho en la rueda de prensa posterior, pero estos grandes duelos sirven para paralizar un país y olvidarnos de los grandes problemas que tenemos. Durante esos 90 minutos parecía que nos abstraíamos de nuestras hipotecas, nuestros negocios, el paro e incluso en el día posterior al derbi, unas de las noticias más importantes, en cuanto a terrorismo se refiere, como era la que encabezaba este relato, pasaba a un segundo plano. Este mediodía veía en la televisión, en un canal de noticias, a libios del Madrid y del Barça viviendo con gran pasión este partido, sin parecer importarles que quizá al día siguiente podrían ser bombardeados, asesinados o qué se yo.

Lo que no logro comprender es la gente que se va hundida a su casa e incluso entra en una especie de depresión transitoria porque el club de sus amores ha perdido con el eterno rival. Es normal que te de rabia, que cojas un cabreo, pero sin llegar al insulto y a la violencia que algunos individuos proclamaban con orgullo delante de las cámaras. Quizá la culpa de esto no sea del todo la propia condición del personajillo de turno, sino al espectáculo, a veces lamentable, que los jugadores de uno y otro equipo exhiben sobre el terreno de juego. No entiendo como compañeros de selección que han logrado lo máximo en su carrera, como es una Copa del Mundo, entran en descalificativos, insultos e incluso violencia. No podremos esperar que el aficionado se comporte de una manera cívica, si los protagonistas alientan este tipo de comportamientos.

Reconozco que ya hace muchos años que no me cabreo, antes sí solía hacerlo. Incluso era uno de los que mencionaba antes de depresión transitoria, pero hace tiempo comprendí que yo no podía estar peor que el jugador que perdía y que todos los años se embolsa una gran cantidad de euros. Tengo cosas más importantes en las que pensar o hacer para ser representante emocional de un equipo que tiene una mínima parte de los problemas que existen en la mayoría de la gente.
Seguramente el Barça llegará a la final y a lo mejor hasta la gana. «Gloria y larga vida a los protagonistas», yo seguiré con mis dientes, mi hipoteca y el duro día a día.

«Dos cosas me admiran: la inteligencia de las bestias y la bestialidad de los hombres» Tristan Bernard

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